3 cosas que aprendí al cambiar de gimnasio

Nadie dice una palabra, nadie felicita a nadie. Se ponen sus auriculares, van a sus máquinas, terminan su entrenamiento y se van a sus casas. Y así es como es, ni bueno ni malo, solo que es así y ya estoy acostumbrada.

Así son los gimnasios comerciales.

anahiHace un tiempo decidí probar algo diferente. Por recomendación llegué a un lugar llamado ATP, sin cartel en la calle, adentro de otro lugar…difícil de encontrar. “Pasillo al fondo”, me dijo un hombre y ahí fui, de hecho fui dos veces, la segunda decidí que tenía que empezar y dejar la vergüenza a un lado.

Al principio, estaba intimidada. Como cualquier mujer cuando arranca a hacer actividad física, y más cuando está rodeada de hombres. En mi primer día había muchos hombres, la mayoría rugbiers, por no decir todos. Pero, a pesar de sentirme ínfima y súper fuera de estado, desde ese primer día me enganché con ATP, al punto que me olvidé de otros gimnasios.

Me encanta ir a ATP y acá les dejo algunas razones

  1. El ambiente es clave 

En los gimnasios comerciales hay montañas de equipamiento, todo lo que puedas imaginar está, menos un ambiente que te motive a entrenar.

ATP tiene una atmosfera increíble. Nadie entra al gimnasio sin saludar a todos los demás ni se va sin saludar a todos los demás, no se hace por obligación se hace por el respeto que se crea al exigirse constantemente el uno al otro para mejorar. Porque en ATP no sos un ente que se pone los auriculares y se aísla del mundo, sos parte de una comunidad y de una atmosfera que no es fácil de encontrar en otro lugar. 

2) La camaradería

En otros gimnasios, más de una vez me pasó de ver a alguien entrenar con mucho peso sin nadie que lo pueda ayudar y pensar en qué le puede pasar si algo sale mal. Cada uno está en la suya sin preocuparse por el otro, si algo sale mal no hay nadie para evitar un accidente.

Nunca tuve esa sensación en ATP, no solo los entrenadores están siempre atentos, sino que son mis propios compañeros los que están dispuestos a ayudarme. Todos están atentos al otro por si necesita ayuda, y no tienen problema en dejar de hacer lo que están haciendo.

No es el apoyo físico de ayudarte con algo, es también el apoyo moral de alentarte. Cada vez que alguien intenta un récord todos se detienen a alentarlo, o cuando alguien está sufriendo para terminar una serie siempre hay alguien que mediante un grito de aliento te da la fuerza que necesitás para terminar.

Es por eso me encanta volver a ATP, porque siempre siento que hay alguien bancándome.

Sos mucho más fuerte de lo que pensás

En gimnasios anteriores siempre tuve dudas de cuánto exigirme. No sé…siempre fui sola y tenía miedo de lastimarme o pasar algún papelón. Estar en un ambiente en el que te sentís segura y confiada puede hacer que hagas cosas que jamás pensaste que podías. Me di cuenta que muchas veces no me animaba a hacer cosas por miedo y, en realidad, las podía hacer sin problema. Eso hizo que me exigiera mucho más, tanto en ATP como en mi vida.

Sentirte más confiada, y cuando el esfuerzo es reconocido siempre vale el doble, hace que te deje de importar lo que piensen los demás.

Hay que desmitificar el hecho de entrenar entre hombres, son muy buenos compañeros y en ATP nos ayudamos entre todos. El hombre siempre tiene una actitud de mayor confianza y autoestima. Y esa actitud es contagiosa. Desde que entreno en ATP me di cuenta que me siento mucho mejor conmigo misma y me preocupa mucho menos lo que piensan los demás.

Hoy en día puedo decir que me encanta ir al gimnasio. Y eso no es solo porque me encanta entrenar, es porque me encanta ATP y eso es lo que hace que ir deje de ser un suplicio, para que esté contando cuaánto me falta para volver a ir a entrenar.

Ojalá que estas pocas líneas le den confianza a muchas otras mujeres para que se acerquen a ATP a ver de qué son capaces.

Por Anahí Castellano

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